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18:31h. Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

La tragedia del peso argentino

La reciente devaluación en Argentina dispara controversias. Cultura del dólar o falta de patriotismo, se mencionan a diario para argumentar sus motivos. ¿Qué convierte al peso local en una pérdida segura? Economistas premiados por el Nobel aportan a la causa. 

Peso-cambio
Peso-cambio

No es nuevo. La historia habla por sí sola a la hora de desmenuzar eventos de inestabilidad monetaria. Aunque la suba del dólar aparenta generar la inflación (el INDEC arrojó 3,7% en junio y 29,5% a nivel interanual), la explicación de nuestros problemas no se ubican en el billete verde, sino en la moneda local. Al peso argentino se le cae estrepitosamente su demanda, lo cual se traduce en que todos los demás bienes transables a cambio del peso suban su precio.

"No le encontramos la vuelta al estrangulamiento que se produce cuando los trabajadores ahorran en dólares, que es un problema en Argentina". Esta frase es de una ex mandataria, pero podría salir de cualquier político. Son típicos clichés donde pareciera que los argentinos son los que provocan las crisis haciéndole difícil la vida al gobierno e impidiendo sus políticas de bien común. Se habla de falta de patriotismo por no confiar en el peso, y hasta algunos legisladores se refieren a "golpes cambiarios" donde se busca desestabilizar gobiernos.

Los seres humanos, -sean argentinos, australianos o venezolanos-, se esmeran por proteger su propiedad privada, es decir, el fruto de su esfuerzo. Esencialmente la moneda, que le permite satisfacer sus necesidades intercambiándola por bienes y servicios. Las mismas cumplen tres funciones básicas: 1) unidad de cuenta, 2) medio de intercambio, 3) reserva de valor. Esta última es la que resguarda el poder adquisitivo, lo que hace décadas el peso no cumple por culpa de la inflación. Los argentinos no somos particularmente inteligentes, pero tampoco somos tontos. A la luz de una historia llena de estafas del Estado sobre los contribuyentes, la población reacciona. Argentina es el país con más inflación en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial y el único que le sacó 13 ceros a la moneda atravesando cinco denominaciones distintas.

Consciente o inconscientemente, los argentinos no necesitan un título en Harvard para comprender que el Banco Central, desde su creación hasta la fecha, emite billetes a mansalva para financiar los delirantes niveles de gasto público que el Estado ejecuta y despilfarra. Ergo, como el argentino se acostumbró al castigo por parte de los gobiernos soberanos sobre los ahorros en pesos, invierte en la moneda que el gobierno soberano no puede aniquilar emitiendo. No importa si este argentino es bien nacionalista o extremadamente anti yankee, su inclinación por el dólar es que confía en la política monetaria de EEUU. La economía le encontró nombre y apellido a este fenómeno que sobrepasa ideologías: Expectativas Racionales.

Robert Lucas, premio Nobel de Economía en 1995, desarrolló esta teoría basando su principio de que los individuos no desperdician la información dada y actúan en consecuencias. Ejemplo: la población sabe que la inflación matará sus pesos y se resguarda en dólares. A la postre surge otro problema. ¿Qué pasará el día que un gobierno deje de emitir pesos para las cuentas públicas y los ciudadanos sigan desconfiando?.

A este conflicto la economía lo llamó Inconsistencia Temporal, teoría por la cual fueron premiados con el Nobel en 2004 Finn Kydland y Edward Prescott, pero que la explica de manera fabulosa el economista argentino Guillermo Calvo: El padre de un alumno que quiere fumar le interesa que su hijo estudie. El padre no desea que su hijo fume, pero como le preocupa que apruebe el examen, le promete que si aprueba le permitirá fumar, desafío que el hijo acepta. Estudia como un loco, aprueba, pero el padre no cumple su promesa. Cuando el padre trata de repetir el sistema, el hijo pone en práctica sus expectativas racionales al prever el verdadero comportamiento paterno ¿para qué estudiar, piensa el hijo, si en definitiva no podré fumar?. Recuperar la confianza para lograr un objetivo amerita, no solo un comportamiento ejemplar a futuro, sino la permanencia de desconfianza durante un plazo determinado.

Firma: Eliseo Bottini