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11:56h. Jueves, 20 de Septiembre de 2018

@mimamultimedios

DEVALUACIÓN, FIBRE DE UN ESTADO IMPAGABLE

A pasar el invierno. Los primeros datos avecinan una recesión inevitable por no afrontar en su momento los costos de un ajuste.

 

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La devaluación actual, que tiene a la divisa norteamericana rozando los 30 pesos, alcanzó niveles del 36% en el primer trimestre, de 54% en lo que va del año y de casi 70% a medida interanual. No hay que ser muy lúcido para darse cuenta que los efectos de tal depreciación en la moneda local traerá coletazos recesicos en el corto plazo. De hecho, los primeros datos que reveló el INDEC indican que la actividad económica dejó de crecer luego de 14 meses con cifras postivias. Los indices marcaron que en abril se produjo una contracción del PBI del 0,9% en relación al mismo mes de 2017 y 2,7% en comparación con marzo. Aunque estos últimos números sean explicados más precisamente por la terrible sequía del sector agropecuario, la continuidad refleja que junto a la devaluación vendrá una suba de precios que terminará de decretar el comienzo de una etapa de más pobreza, desempleo e inflación. La consultora Ferreres & Asociados publicó una estimación de caída del 2,8% del PBI en mayo sumado una inflación de junio que según trabajos privados rondaría entre 3 y 3,5%.

“Si crecemos 20 años al 3% anual, vamos a duplicar los ingresos y vivir en un país mejor”. Nicolás Dujovne. 20/08/2017. El actual ministro de Hacienda demostraba el objetivo del Gobierno, que era, sin achicar el gasto público, licuarlo con crecimiento en el PBI durante varios años. Sólo duró 14 meses.

La devaluación fulmina el rumbo y sentencia con ímpetu la frase pronunciada por el ex ministro de Economía Álvaro Alsogaray: "Hay que pasar el invierno". Pero la devaluación en sí, no es el problema de fondo, sino un problema inmediato, una urgencia inevitable dentro de un modelo económico que no resulta ser diferente de lo qur ha hecho Argentina en los últimos 70 años; esto es, un gasto público tan elevado que necesita financiarse con un saqueo colosal al sector privado a través de: la presión impositiva más alta de la historia nacional, una inflación de dos dígitos que erosiona el peso todos los días y un endeudamiento externo demencial que dispara la vulnerabilidad ante factores internacionales.

Culpar a la devaluación es mirar el árbol y no el bosque. La suba del dólar termina haciendo el ajuste que el Gobierno no hizo desde su asunción en 2015. Los recientes despidos esta semana en empresas estatales representan el 0,01% del empleo público total. Lo cual nos lleva a una pregunta lógica: si los despidos en el Estado eran una cuestión de urgencia ¿Por qué no haberlo hecho en el primer trimestre de 2016?. Muy simple: Cambiemos consiguió plata dulce de afuera y siguió jugando al mismo populismo que condena el desarrollo argentino hace décadas. La sociedad aceptó rechazar un ajuste en el Estado con la excusa de "los costos sociales" que se pagarían por hacerlo para dos años más tarde terminar sufriendo la licuación de sus depósitos en pesos. El precio del dólar no es más que la fiebre avisando que la infección del Estado impagable nunca se atacó con el antibiótico del ajuste.