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11:55h. Jueves, 20 de Septiembre de 2018

¡PAREN EL DÓLAR!

Crónica de un jueves negro en Argentina

Nervios. Desesperación. Miedo. Sube la temperatura. No hay techo. Pasó el miércoles y la febrícula es ahora una rabiosa fiebre alcista.  La radiografía arroja una hemorragia pura y exclusivamente interna, acá no hay virus turcos. La patología no es nueva pero aparenta más amenazante que antes. Llegan las dosis matutinas con tasas del 60% y 85% en el mercado secundario. No hay caso. El calor corporal aumenta. La barrera de los 40 grados ya quedó atrás. La preocupación invade a familiares. Reina la incertidumbre. "Voy a sacar los dólares, no queda otra", exclama un vecino. ¿Corrida bancaria? No, por lo menos por ahora. A las 12 del mediodía los 42 pesos ya son una realidad. Ocho pesos en un día con un volúmen operado de poco más de 30 millones de dólares. Diagnóstico nuevo: la oferta brilla por su ausencia. A las 13, el Banco de Sangre de la República Argentina anuncia una subasta de 500 millones de dólares para las 14:58, a dos minutos del cierre de la jornada.

Perder reservas; un mal menor en el plazo diario contra la devaluación más alocada que sufren las autoridades en el escaso tiempo de cinco horas disponible del mercado cambiario. Amortiguación con techo de seda para sellar el fatídico jueves en $38,20 el minorista. A posteriori, un viernes con tres subastas y adjudicación de 250 millones de dólares lo dejan en $37,60. El corazón vuelve a bombear a ritmo normal, pero las secuelas son fulminantes. Shock devaluatorio de 35% en agosto, 95% en 2018 y una peligrosa fragilidad donde una nueva corrida aplique un golpe de nocaut a toda la clinica junta.

''¡Andate ya, Macri!'', se oye en la city. "Es momento de dejar de vender", exclama algún fanático del cepo. Todos enojados con el dólar. ¿Con el dólar? ¿Con un trozo de papel verdolaga donde posa el rostro de un individuo que la mayoría no conoce (Benjamín Franklin)? ¿Un simple papel impreso es responsable de tanta angustia? Argumento emocional que no otorga solución alguna. La razón, ese concepto desprestigiado siempre tiene la respuesta. El problema no es el dólar, es el peso. ¿Cómo? ¿Acaso el peso no es también un papel impreso? Sí, claro. El asunto de la cuestión está en quién imprime ese papel al que nosotros no le firmamos la confianza para que sea reserva de valor. No, no es paren al dólar, es paren al peso.

Firma: Eliseo Bottini