Buscar
22:36h. Domingo, 21 de Octubre de 2018

Eliseo Bottini

Corruptos son los políticos, no los empresarios

Casi 8 de cada 10 argentinos consideran a los empresarios como los más corruptos de la sociedad, detrás de los jueces y los sindicatos.

Paying in cash
Paying in cash

La cultura nacional y popular aglutina a los empresarios como salvajes chupa sangres que sólo se preocupan por su propio interés. Pero, entonces, la pregunta sería, ¿Acaso los políticos no toman decisiones todos los días pensando en su interés propio con la obsesión de seguir en el poder? ¿Es cierto que los políticos sólo piensan en el bien común? La reciente saga de los cuadernos, que destapa otra presunta red de sobornos en obra pública, ya tiene la detención de más de una decena de empresarios. Historia parecida a la causa Odebrecht pero con el pintoresco ingrediente de un remisero delator.

El foco está en el empresario y su reputación por el piso. El último estudio de la consultora Taquion, dirigida por Sergio Doval, evidencia lo sabido; el argentino mira al empresario como corrupto. Lo cual es un error muy grave que debe ser corregido lo antes posible, ya que la función empresarial, y su correlativa confianza de la sociedad, es esencial para el desarrollo económico del país.

Primero que nada, ningún empresario podría pagar una coima si el político no la acepta. El burócrata siempre tiene la opción de rechazar el soborno, suponiendo, claro, que no haya sido él mismo el que oferta el ilícito. Como segunda mirada, a la hora de ligar responsabilidades, cabe recordar que el sueldo de los políticos son pagados por los contribuyentes de manera coactiva a través de los impuestos. Distinto es el método de ingresos del empresario, que sólo puede maximizar sus ganancias si sus productos o servicios son elegidos por los consumidores. Es decir, la responsabilidad debe caer masivamente sobre el funcionario antes que sobre el empresario, ya que este último no nos amenaza con cárcel si no pagamos el IVA, por ejemplo.

Como tercera observación, en este escenario donde el Estado es el atajo para enriquecerse, los empresarios descubren que es más fácil tratar de seducir al funcionario que concentrarse en la satisfacción de sus fieles consumidores. Al mismo tiempo, los empresarios que no consiguieron el favor del Estado, deben luchar a mansalva contra los privilegios y beneficios de la competencia ahora protegida. Por último, y para que quede claro que los políticos generan la corrupción, los mismos también encuentran sencillez para sus ganancias personales, no sólo monetarias, sino también en términos de poder. La corrupción tendrá su fin el día que la política pierda poder, es decir, el día que la sociedad le otorgue menos funciones al Estado, que es la fuente de prosperidad de los políticos.

Firma: Eliseo Bottini