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17:25h. Lunes, 18 de Diciembre de 2017

@MIMAMULTIMEDIOS

Paul Auster: Cazador de coincidencias

El cuaderno rojo de todos, “Nadie llama un domingo a las ocho de la mañana si no es para dar una noticia que no puede esperar, y una noticia que no puede esperar siempre es una mala noticia, dijo una vez Paul Auster, y no se equivocaba: Aquel domingo de enero de 1979 Paul Auster recibió por teléfono, a las ocho de la mañana, la noticia de que su padre había muerto.

 

 

“La vida es un teatro, pero tiene un reparto deplorable” diría Oscar Wilde, y tiene razón. Que la vida sea una náusea o una caída lenta hacia la nada es algo “común” por decirlo de una forma burda. Y entre toda esa bruma, hay buenos momentos. Por ejemplo, no hay nada más gratificante (y raro a la vez) para un lector, que un escritor haya escrito tal vez treinta o cuarenta años atrás (o siglos atrás) algo que también estamos pensando o nos está pasando, porque a ellos les pasó. Por ejemplo: La sensación absurdo o sin sentido a la vuelta de cada esquina, las buenas coincidencias que creemos que son parte de algún destino escrito por alguien que quizás no sabemos quien es. Tal vez Dios, la naturaleza, o cualquier otra fuerza desconocida. Coincidencias como algún amor que nace de las causas más irrisorias (y si las hay, las hay) o la sensación de que constantemente, con el paso de los años, nuestra existencia es una caída en cámara lenta, una caída imperceptible a los ojos humanos. “La nada en potencia” diría Aristóteles si hubiera nacido en el siglo XX. 
En toda esa bruma que nos rodea hay escritores que nos recuerdan lo efímero de nuestra existencia y lo importante de ella. Entre ellos se encuentra Paul Auster.
Paul Auster es un cazador de coincidencias. Lo es desde pequeño. Es el resultado de ellas, de vivir de ellas. Todavía no supo atrapar la perfección de ellas, su esencia. Nadie pudo atraparlo todavía, pero todos sentimos su cercanía.

II


Los teléfonos son enigmáticos y amenazadores. Mucha gente ha recibido a las ocho de la mañana una llamada telefónica que anunciaba una muerte: El teléfono es una ruleta rusa, aunque el muerto no sea el que recibe el disparo” 
Fragmento del cuaderno rojo de Paul Auster
Las casualidades de la literatura
Así fue como conocí al escritor neoyorkino Paul Auster: por casualidad, abriendo uno de sus libros en una biblioteca. Había tantos autores y justo di con aquel pequeño libro, aquel libro que parecía para nenes. La vida es una casualidad. Y encontrar ese libro fue una de las buenas casualidades.
Ese libro me recordó al comienzo de otro gran libro de Albert Camus: “Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé.  Recibí un telegrama del asilo:  «Falleció  su  madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero  no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.” 
Ambos poseen algo en común: La casualidad, el absurdo, o un poco de ambas. 
Cuando comencé a leer a Paul Auster (mucho después de Albert Camus) sentí una sensación, la sensación de que alguien haya puesto en palabras lo que siento. Más raro aún: Que le haya pasado lo mismo que a mí. 
Pero, no vengo a hablar sobre su vida. Para nada es eso. Ustedes la pueden leer en la biografía de sus libros. Vengo a hablar de su último éxito.

4 3 2 1
Así es, su libro, capaz uno de los más esperados luego de siete años de silencio.
Se dice que es la novela más ambiciosa del creador de la trilogía de Nueva York. Y es cierto en la medida en que, pese a las críticas por su abuso de la casualidad, el azar y el absurdo, posee un don único: Narrar en ficción su propia vida, saliendo de sí mismo: Siendo un extranjero, como cualquier escritor y en ese salir del yo, o impersonalización como llamamos en la jerga literaria, es algo que, por ejemplo (y valga la redundancia) Albert Camus vivió en carne al ser hijo de padre francés en Argelia, país que buscaba independizarse de Francia, y donde él ayudó pese a ser enterrado en el olvido por los propios argelinos a quiénes ayudó en su lucha desde la prensa, y donde se vio reflejado su experiencia en el libro “El extranjero” (el más conocido de toda su obra).
A su vez, “4 3 2 1” publicada por la editorial “Seix Barral” es una historia que contrasta con la vida del escritor. Que el personaje principal haya nacido el mismo día y año (pero un mes adelantado) que Paul Auster no es mera coincidencia (valga la redundancia). 
El libro en sí nos deja un mensaje claro: Porque todo suceso, por irrelevante que parezca, abre unas posibilidades y cierra otras. Paul Auster es experto en eso. Todos los que vivimos siempre pensamos en tantas posibilidades de tantas acciones que podríamos haber hecho, de tantas  libertades en potencia, en tantas nuevas historias de las cuales sólo elegimos una. Pero, pese a los caminos del azar, lo importante es elegir. Y elegir es vivir.
Sinopsis
El 3 de marzo de 1947, en la sala de maternidad del Hospital Beth Israel de Newark, Nueva Jersey, acaba de nacer Archibald Isaac Ferguson, el único hijo de Rose y Stanley Ferguson. A partir de ese único principio, la vida de Ferguson tendrá cuatro caminos de ficción simultáneos e independientes. Cuatro Ferguson idénticos hechos del mismo ADN, cuatro chicos que el mismo niño, pasarán a llevar cuatro vidas paralelas y enteramente diferentes. En esos caminos la fortuna de la familia, sus habilidades atléticas y su vida sexual e intelectual tendrán un marcado contraste. Cada Ferguson caerá bajo el hechizo de la magnífica Amy Schneiderman. Sin embargo, cada Amy y cada Ferguson tendrá una relación como ninguna otra. Mientras tanto, los lectores vivirán cada uno de los placeres de Ferguson y cada uno de sus dolores ajenos a la trama mortal se abalanza sobre los cuatro personajes.
Si algo no podemos obviar es que Paul Auster no se haya escrito a él mismo. Es normal que él haga eso, que también nos escriba a nosotros. No muchos tienen el don de escribir nuestra historia con otros nombres, fechas y lugares, pero él lo logró, y en gran medida.
“4 3 2 1” sin duda es un libro que vale la pena leer y me atrevo a decir que es mucho mejor que la trilogía de Nueva York, y la mejor obra que Paul Auster haya escrito en toda su vida.