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04:06h. Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

@mimamultimedios

Un debate en mi cabeza

¿Los Medios de comunicación cuentan la realidad o la crean?

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Cuando nosotros nos encontramos con un periódico, nos encontramos con una serie de elementos que son importantes a la hora de analizar, cada una de las noticias, por ejemplo ¿Que fuentes tiene la noticia?, ¿Que titulares tiene?, ¿Qué información se da? Si son de enviados especiales  como corresponsales, o es de agencia, que editoriales hay en los periódicos. 
Empecemos con la idea de que a través de la televisión, diarios, radios, la ideología se traduce de varias maneras. 
El doble lenguaje
Desde hace mucho tiempo que asistimos a un uso del lenguaje, por parte de algunos medios de comunicación, que banaliza e ironiza la violencia hacia las mujeres. 
En este sistema el monopolio del discurso, minimizar las palabras es un acto cotidiano que utilizan los medios de comunicación, generando y promocionando la violencia. 
Juzgar a las víctimas, poner en duda qué es consentir o calificar a los agresores como “monstruos” , hacer piruetas discursivas en torno al consentimiento o mostrar a los agresores como parte de un “estado de excepción” son algunas de las formas concretas que toma este relato en los medios de comunicación.
JUZGAR A LA VÍCTIMA: El relato culpabilizador sigue vigente hoy en los medios y es uno de los primeros dispositivos que se pone en marcha cuando se trata de violencia contra las mujeres. Internet es el nuevo autostop, y se repiten titulares como 

        
Una de las bases del sistema comunicativo son los comunicadores,  los new makers , los que hacen las noticias, con aquella voz, con aquella onda, los periodistas que te cuentan una cosa mientras cruzan las piernas elegantemente  y es un tipo de funcionamiento  en el que vos estas más atento a la representación teatral que a lo que te están contando. Este tratamiento informativo de la noticia, pasa a ser un encuentro de panelistas donde juzgan a la víctima o invitan a la sociedad a opinar sobre que debería haber hecho esa joven. 
“CONSENTIMIENTO ARRANCADO CON VIOLENCIA”
Cuestionar si la vida de una mujer que ha denunciado una violación es o no “normal” es, en realidad, juzgar si la víctima se adapta o no a lo que en los esquemas del sistema sería una “buena víctima”. El caso de Calu Rivero y las movilizaciones en torno al Yo te creo han tenido el efecto de contrarrestar el habitual relato sobre el terror de sexual y, en concreto, sobre el consentimiento.
Los siguientes titulares muestran cómo ese razonamiento persiste hoy en los medios. 
“Multa por llamar de madrugada a una mujer para cantarle canciones de amor”, en Diario de Mallorca, también contiene la idea de que acosar puede ser un acto seductor. Este medio luego cambió la redacción a “Multa por llamar y enviar mails a una mujer pese a tener una orden de alejamiento” y publicó una aclaración. 
“Imputan a un policía por el crimen de su ex pareja, quién habría sido provocado por ella”
En un intento de separar al “hombre civilizado” de su responsabilidad sobre el crimen. Así, “se centran todas las responsabilidades en unos culpables, reduciendo el análisis sobre la violencia sexual y absolviendo de toda duda al resto de la sociedad”. Así, “identificar a los agresores como alimañas, bestias o psicópatas excluye al hombre racional de toda responsabilidad”. 
AGRESOR "TÍPICO"
Lo que sostiene el argumento del monstruo es, en realidad, que los hombres normales no violan y no matan, pese al empeño de los movimientos feministas por poner de relieve que los agresores son sanos hijos del patriarcado. Frases como “no respondían a la imagen de 
típicos violadores”. Así, cuando se hace evidente lo contrario, los medios se quedan perplejos y empatizan con el hombre que no encaja en lo que sería un agresor “típico” en el relato patriarcal: Porque si un padre de familia no entra en los esquemas de lo que al sistema le encaja que sea un violador, ¿cómo va a encajar un hombre ejemplar?
LA ESPECTACULARIZACIÓN DE LA TORTURA

El caso de Melina Romero, los medios crearon un espectáculo cuyo guion se mantiene fiel a un sistema que tiene como lógica estructural la violación, tortura y asesinato de las mujeres. Los detalles sobre la tortura sexual que se relataron, por su dureza, centraron la mirada en lo terrible y la descentraron de lo analítico, de la posibilidad de perspectiva. Estos programas contribuyeron a la construcción de una narración que trató de mermar la libertad individual y sexual de una generación de mujeres jóvenes. Con esta espectacularización de la violencia, lo que consigue el relato es un aleccionamiento que facilitó desviar la atención de la necesaria reflexión social hacia el espectáculo y el morbo.
Cuestiones como el tratamiento que da un periódico a la noticia, el lenguaje con que se expresa, la opción que toma conscientemente para dirigirse a sus lectores no es algo inocuo, sino que responde a una política editorial. Lo que hacen estos medios de comunicación masivos es poner en circulación imaginarios que apoyan y difunden ideologías como el machismo (y decimos que el machismo es una ideología pues se trata de un conjunto de representaciones que contribuye a enmascarar, reforzar y sostener relaciones desiguales y de dominio entre hombres y mujeres). 
No es otra cosa que una apología de la violencia de género. Pareciera que en relación a las mujeres el respetuoso uso del lenguaje no tuviese importancia, por lo que una brutal agresión o asesinato puede ser leído como una anécdota. Esto ya ha sido denunciado en la obra de Frida Kahlo “Unos cuantos piquetitos” (1935), que critica la presentación de un acto atroz de violencia como si fuese una minucia. La obra de la artista mexicana nos remese ante semejante falta de justicia y crueldad por lo que tiene justamente de real y cotidiano.