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07:26h. Domingo, 21 de Octubre de 2018

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San Cayetano, la esperanza mítica y cristiana de la necesidad

San Cayetano

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Caetano di Thiene fue beatificado el 8 de octubre de 1629 por el papa Urbano VIII y canonizado el 12 de abril de 1671 por el papa Clemente X. Desde entonces, la Iglesia Católica lo reconoce como San Cayetano, el santo de la Providencia, Patrono del pan y del trabajo. Esta es la marca que detenta, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo y será reservorio de plegarias, pedidos, suplicas, ya sea ante las crisis que las motivan o luego en agradecimientos por los logros obtenidos.
En nuestro país el 7 de agosto, siempre fue un refugio en tiempos de políticas duras, para que el pueblo muestre su cara más lastimada, para que al estilo y forma cristiana exponga su otra mejilla, la que pide y reclama. Un hecho religioso que está bien sustentado en la fe, es mirado a veces como termómetro social, casi como una radiografía, de la necesidad.
La historia relata diversos milagros que fueron afirmando la popularidad del Santo, desde la sanación de enfermos con gangrena a directamente provocar lluvias durante una sequia. La idiosincrasia popular comenzó a aceptar a Cayetano como una especie de línea directa a la providencia, En plena crisis económica de 1930, donde el hambre y la falta de trabajo eran el germen exclusivo para la desesperación, la figura de un protector se combinó con la mejoría en las situaciones particulares de varias familias necesitadas, confirmando los dones del Santo. Los comentarios de la gente, trasmitidos de boca en boca, fueron aumentando la devoción, y la misma actitud de Caetano no defraudó las expectativas de sus fieles
Con el comienzo del nuevo siglo, poco después del descubrimiento de América, Cayetano cursa la carrera de abogado, es elegido por sus compañeros como delegado estudiantil y a su vez obtiene buenas calificaciones y un buen concepto entre sus profesores como estudiante 'Creo que valgo por lo que soy, y no por lo que los demás digan de mí'", era la manera que Caetano reafirmaba su verdadera dedicación y auto convicción. Una persona que sabía perfectamente que las palabras se deben validar con los hechos para trascender.
La humildad caracterizó su vida, tanto así que pese a haber sido nombrado por el papa Julio II como Conde de Thiene, un importante puesto en la Cancillería de los Estados Pontificios no se da ninguna importancia, viste con sencillez, atiende a todo el mundo aunque sea fuera del horario de oficina y trata a todos igual, ya sean ricos o pobres. Tiempo más tarde, junto a un grupo de diplomáticos, logra evitar la guerra entre la República de Venecia y los Estados Pontificios, cuyos resultados podrían haber sido desastrosos, pero gracias al acuerdo, Cayetano gana enorme prestigio y comienza a sentir los halagos de sus congéneres. Decide entonces priorizar su mirada evangélica de transformar al hombre y deja su labor dentro del campo de las leyes: 
"Mis años de abogado me enseñaron que el pueblo necesita palpar a Dios a través de las obras de los cristianos, de su acción, de sus enseñanzas, de su entrega. Ahora voy a dar otro rumbo a mi vida, Seré sacerdote". 
 El 30 de septiembre de 1516, a los 36 años, fue ordenado y comenzó su acción apostólica en Venecia.
Al incorporarse a la iglesia no pudo soslayar la terrible contradicción que esta perpetraba en su interior. Lujos que supuestamente eran un alago a dios, no hacían otra cosa que marcar un mundo de miseria para la gente de los suburbios y una vida palaciega para una jerarquía clerical que le parecía ciega sorda y muda
 Organizó, entonces, el primer Hospital de Enfermedades Infecciosas y cuando se quedaron sin dinero para pagar el sueldo de los médicos y para alimentar a los enfermos ordenó la venta de su biblioteca, lo último que quedaba de sus bienes: “Jamás dejaré de entregar lo mío a los necesitados hasta que me vea en tal pobreza que no me quede ni siquiera un metro de tierra para mi tumba, ni tenga un centavo para mi entierro".
Cayetano vivió en total austeridad y sus promulgaciones de pobreza enojó a los clérigos que querían seguir disfrutando de las comodidades, pero cientos de jóvenes pobres, que veían en él, al reflejo mismo de lo que Jesús predicaba para la vida de un cristiano, lo imitaron y lo siguieron, conformándose así en testimonios reales de lo que él, ya sacerdote, predicaba, como única manera de vivir esa cristiandad.
 A causa de una enfermedad murió a los 67 años el 7 de agosto de 1547.
ALGUNAS DE SUS FRASES:
Somos célibes, como lo pide la Iglesia a todos sus sacerdotes. Queremos ser pobres: no poseeremos rentas, ni tierras. Sólo aceptaremos las donaciones espontáneas del pueblo.

La riqueza no da al clero ni paz ni libertad para el apostolado. No viviremos ni en conventos ni en monasterios, sino en casas sencillas. Tendremos un superior responsable y dependeremos directamente del Papa. Nos dedicaremos al estudio de la Biblia, a la liturgia, a ayudar a los presos, pobres, enfermos. Nos llamamos Clérigos Regulares.