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04:08h. Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

@mimamultimedios

“Del dicho al hecho hay un trecho”

Periodismo de hoy.

prensa_amarillista_cartoon
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Si estudias periodismo, o tienes pensado hacerlo en un futuro cercano o simplemente sigues el panorama informativo a través de los medios de información, estás obligado a conocer el mundo donde vas a zambullirte o a empezar a aprender a discernir realidad y ficción en el hábitat donde respiras a diario.
Es duro decirlo de esta manera, en el Periodismo hay poco glamour y mucha caspa. Los medios convencionales y generacionalitas, trabajan la noticia de manera objetiva, sin cuestionamiento. 
Bien sabe el empresariado que, en el capitalismo, la ignorancia es funcional a la generación de riquezas, un pueblo donde pierde sentido crítico a las noticias, es un pueblo manipulable, frente a esto hay que pensar en dos cosas: el tipo de empleo al que  accede el periodista, casi siempre sin contrato y a honorarios o bajo la modalidad free lance. 
Por otro lado padecemos, la nueva modalidad de los noticieros, que es repetir escenas de shows mediocres, y no hacen hincapié en dilucidar la verdad de los problemas reales que acontecen en nuestro mundo.  
Hoy en día los orígenes de la disciplina, su sentido y funcionalidad en la sociedad han cambiado, no somos una sociedad crítica, somos una sociedad consumista, consumida por los medios televisivos. Eso nos hace preguntar qué va quedando de lo que algún día entendimos como periodismo. 
Tenemos que tratar de hacer un periodismo que de visibilidad a las realidades con las que un buen historiador del futuro pueda tratar de definir nuestro presente, el periodismo tiene que dudar de todo, ser crítico y combativo. 
Un cuerpo social al que venimos alimentando generación a generación de basura mediática, va pidiendo porquería, y conseguimos un cuerpo social enfermo. Necesitamos exigir como ciudadanos y ciudadanas y no como meros consumidores,  ese tipo de Periodismo, el investigativo, el honesto, la responsabilidad no está sola en los periodistas sino en todos nosotros. Que el periodismo honesto quede aplastado supone un precio demasiado alto para el oficio y un peligro inmenso para la democracia