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18:25h. Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

@mimamultimedios

Cachetazo al cerebro

Extraído del libro Teacher Man (El Profesor) de Frank McCourt.

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“Sacudo la cabeza al ver las cosas que les preocupan, esas cosas de clase media, que hace demasiado frío, que hace demasiado calor y que ésta no es la pasta de dientes que a mí me gusta. Y yo, después de tres décadas en América, todavía me alegro de poder encender la luz eléctrica o tomar una toalla después de la ducha.”
Mientras tengo mi café en mano, reflexiono sobre los dichos que se escuchan en las calles, “Esto del aborto es una distracción”, “No sé porque no usan forros y ya está” 
Cómo sabrán, el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) entrará esta semana en la cuenta regresiva. En medio de un escenario complejo, conviven actualmente tres posturas: quienes están a favor de la media sanción tal como vino de la Cámara de Diputados, quienes proponen directamente su rechazo y un tercer grupo, por ahora minoritario, que pide realizar modificaciones.
Pero no les hablaré de lo que ya sabemos, sino que haré foco desde la mirada interrogativa, investigativa.

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Miguel Benasayag filósofo y activista dice: “Resistir no es sólo oponerse, sino crear, situación por situación, otras relaciones sociales”
Entonces teniendo en cuenta a Benasayag, pienso que la “revolución” que las mujeres están llevando sobre la legalización del aborto, no es algo que surja de ahora, ¿Alguien se preguntó por qué hay tantas mujeres que mueren en la clandestinidad?.
Ante esta movida, les pregunto, ¿A qué escala se cambia el mundo?, será que estas mujeres lograron poner voz a las que no se animaban o no dejaban, a través de un simple sentimiento: La empatía.  ¿Saben de qué les hablo? 
La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente o incluso lo que puede estar pensando.
¿Será que podríamos estar ante posibles futuras  relaciones sociales diferentes?
El aborto, una palabra que se ha pegado como chicle en nuestra sociedad, en el lenguaje cotidiano, se ha abrazado a una  actualidad, intempestiva y polémica,  que generó fuerte rechazo en un sector que cree que  “hay mujeres que abortan porque quieren coger y luego abortar”  se hace evidente la falta de información y de la abundancia de ignorancia. 
Cabe mencionar que nuestro país, la mayoría es católica, y fieles a la doctrina eclesiástica, la misma que hace poco se proclamó en contra de la ley y pidió que no se legalice ya que sería una “dictadura”.
Irónica y temerosa comparación de una de las instituciones que más participación tuvo  con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, en Argentina.
Es la iglesia la que no quiere que se distribuya preservativos en los colegios, es la iglesia la misma que sus curas son denunciados por PEDOFILOS. 
La culpa recae sobre las mujeres “abortistas”, será que como sociedad tenemos que asumir que 'somos las situaciones que atravesamos' y, en consecuencia, transformar esas situaciones”.
¿Sabían que la falta de empatía puede verse a menudo al observar las reacciones de los demás?
Cuando una persona está principalmente centrada en sí misma, en satisfacer sus deseos y en su propia comodidad, no se preocupa por lo que los demás puedan estar sintiendo y no tiene una respuesta empática ante ellos. ¿Será que estamos ante una sociedad que no le importa saber por qué las mujeres mueren en la clandestinidad? 
Tal vez vivamos en una sociedad donde la gente es cada vez menos empática y no escucha al que sufre en silencio. 
No obstante, el único modo de hacer que el mundo sea cada vez más empático y no al revés, consiste en que cada persona se esfuerce por ser algo más empática, prestando más atención a los demás, a sus emociones, a lo que pueden estar sintiendo o pensando o cómo les afecta lo que dices o haces.
Créanme que la mujer que no decide sobre su cuerpo, y está buscando que sea ley la legalización del aborto, ya está sufriendo las críticas, las condenas sociales. 
Entonces, esta situación nos está invitando a repensar actitudes del pasado, y a cuestionarnos si solo queda resistir estas estructuras patriarcales  o si esta movida del pañuelo verde  viene a desterrar todas las posturas que el machismo y la iglesia impuso. 
Por ende se nos aparece la necesidad de pensar una unidad múltiple, convergente, que permita un nivel de inteligibilidad y comprensión, de exigencia ética y política, que no sólo  mire con el espejo retrovisor al pasado ni tampoco se haga cómplice de la dispersión impuesta por los que no quieren que se avance el proyecto, y, en definitiva, del individualismo neoliberal.
Sí el neoliberalismo, está claro que el mismo tiene boca propia y no tiene el menor reparo por entender que pasa con aquellas mujeres, niñas, que no quieren ser madres, con aquellas niñas violadas y que quieren interrumpir el embarazo.
Esta ley  incomoda porque nos hace ver que el patriarcado tocó muy profundo a una sociedad hace añares, los matices, los murmullos, los quieren callar, confunden la lucha con la sordidez de su conciencia. Y siembran rencor con los que no deberían, esa muchacha que no quiere ser madre, no es tu enemigo, es el otro, con sus derechos, sus ideales.


Para que esto suceda el individualismo, marcado por el neoliberalismo debe borrarse,  uno no “encuentra” al neoliberalismo más que bajo sus diversos modos de existencia. Es decir, el neoliberalismo está compuesto de prácticas cotidianas, de relaciones sociales y nosotros mismos participamos en esta explotación a la que estamos sometidos.
Es decir, no nos equivocamos cuando decimos que el neoliberalismo está por encima de la vida, sobre la vida, pero a la vez esta dimensión sólo se manifiesta como un virus que contamina cada elemento de la vida. Y en ese sentido la respuesta al neoliberalismo no puede ser más que múltiple, difusa, contradictoria y situacional.  Estas muchas no solo resisten al modelo impuesto por el patriarcado, sino que están creando, situación por situación, otros modos de vida y otras relaciones sociales.
Aplaudo como periodista, como mujer, como madre, y agrego que hay que tener un coraje enorme para desarrollar luchas, proyectos, iniciativas múltiples sin pedir una visión arquitectónica de la realidad, una visión de hacia dónde va y de donde viene todo lo que pasa, sin necesitar la promesa de un mundo nuevo, sino desarrollando nada más (y nada menos) la potencia de la  lucha, aquí y ahora.
 Las sociedades no cambian, o al menos no lo hacen ni profunda ni definitivamente, por una simple toma del poder, sino por movimientos revolucionarios cuyo éxito mismo se explica por la larga duración de los procesos de cambio sociales. Y creo profundamente que esta lucha del  sea legal, gratuito y no clandestino, este deseo clandestino, este cachetazo al cerebro viene a instalarse no como una hoja al pasar sino como para redactar la nueva historia de las mujeres.