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04:36h. Lunes, 20 de Agosto de 2018

Freddy Mercury, herencias y el amor de su vida

La agente publicitaria del grupo de rock Queen, fue la que leyó el 23 de noviembre de palabras que el propio Freddie Mercury le dictara:

“Como consecuencia de las grandes conjeturas publicadas por la prensa en estas 2 últimas semanas, es mi deseo confirmar que me he hecho las pruebas del VIH y tengo sida”

Dicho esto, solo bastaron 48 horas para que el líder rockero falleciera, oficialmente de una bronconeumonía.

Había descubierto que era portador del virus en abril de 1987 y solo pudo hablarlo con su pareja en ese momento Jim Hutton y su exnovia, Mary Austin, luego se lo confesaría a su manager Jim Beach y por último al resto de la banda. El cantante pidió a sus compañeros que esto fuera un secreto, pero el deterioro físico que comenzó a sufrir alimentó la intriga de la prensa que había ya lanzado algunas conjeturas sobre la salud de Freddie.

Así fue como continuó cantando, pero faltó a la gira de presentación del álbum The Miracle (1989) dando una muestra clave de fragilidad. Su única esperanza era seguir haciendo música y al decir de sus compañeros, Mercury no estaba dispuesto a mostrar una fragilidad que anulara el brillo de su presencia en el grupo.

Ya en una situación de extrema debilidad se embarcó en lo que sería su último disco grabado “Innuendo” (1991). El baterista del grupo y amigo, Roger Taylor, dijo que el disco se grabó arañando tiempo a la muerte.

Finalmente, en noviembre de1991 Freddie Mercury, moría a los 45 años y allí mismo comenzó a comentarse el contenido de su testamento, que serían sus dos gatos Oscar y Tiffany. Era conocido el amor que el cantante tenía por los felinos. Delilah, su gata preferida, tuvo una canción de homenaje. También se especulaba con una parte a sus padres y a su última pareja Jim. Pero finalmente al develar el secreto se supo que repartió su riqueza entre sus padres, su hermana, su pareja Jim, su cocinero, Joe Fanelli y su asistente, Peter Freestone con 500 000 libras para cado uno

. Pero la mayor parte le heredó su expareja Mary Austin que no solo fue su novia- esposa, sino madre y amiga hasta el final de su vida. Uno de los iconos homosexuales del siglo 20 dejo la mayor parte, valorada en 8 millones, seiscientas mil libras, los derechos de autor de sus temas y su mansión de Kensington, a una mujer a la que amó. Ella es la única que sabe dónde fueron esparcidas sus cenizas, ella es la única heredera del amor incondicional de un artista que había aceptado su homosexualidad con naturalidad y con un orgullo, que lo llevó a mantenerse de pie y activo hasta horas antes de morir.

Una mujer fue heredera de su fortuna y de su póstumo amor, una única mujer, tan especial como gigante y ante sus ojos Freddie, sintió siempre que había allí un lugar tan firme y compacto, como para ser el más grande amor de su vida.

Firma: Pablo Kulcar