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11:58h. Jueves, 20 de Septiembre de 2018

@mimamultimedios

La nueva esperanza del rock Greta Van Fleet

El rock and roll está muerto, cantaba hace casi 20 años Lenny Kravitz a modo de provocación.

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Hoy si bien como género musical sigue vigente, ya no marca tendencia entre los más jóvenes desde hace, con suerte, por lo menos un lustro. 
Quizás eso esté a punto de cambiar.
4 muchachos desenfadados y algo hippies de Michigan hacen ruido, y mucho.
Josh Kiszka tiene una voz con unos agudos y un timbre no solo muy setentero sino asombrosamente familiar. Su hermano gemelo Jake en guitarra derrocha talento. Al bajo y teclados esta Sam el menor de los Kiszka, y junto a la batería marcialmente machacona de Danny Wagner recrean el tour de forcé de Led Zeppelin.
Todos tienen 19 años, y cuando se les pregunta que opinan de la música de su generación contestan convencidos, “no la digerimos”.
Podrían tener influencias del hip hop, del electropop, incluso del reggaetón; como la mayoría de los chicos de su edad. 
Sin embargo, ellos prefieren rockear. Y los muchachos saben, se nota, y mucho.
Todos son fans de Zeppelin y esa influencia se percibe inmediatamente. Aunque por momentos suenan a Black Sabbath en la época de Ronnie James Dio. Dicen tener como referentes al Aerosmith de los 70, algo de Fairport Convention, una pizca de los Doors, entre tantas buenas influencias.
Pero son auténticos en su pasión por el hard rock. Como buenos millenials se nutren de las plataformas tecnológicas, entonces lejos de copiar sólo los yeites de Jimi Page, fueron a las fuentes: Willie Dixon, B.B. King, Howling Wolf, Albert King. 
Con apenas 8 temas grabados en un par de Eps sacudieron la escena. Telonearon a los Guns & Roses y Robert Plant ex cantante de zeppelín cuando los escucho dijo con picardía: “son jodidamente buenos, aunque el pequeño cantante tiene una voz que me recuerda a alguien que conocía”.
Sus recitales suman cada vez más público y sobre todo de su misma edad, además claro de los veteranos fans de zepp.
La expectativa es similar a la que generaron los Artic Monkeys en Inglaterra diez años atrás.
En nuestro país desde los comienzos del rock argentino, los fans de Led Zeppelin fueron la “primera minoría”, llenando la sala del desaparecido cine Lara desde 1978 hasta 1989 para ver la película the song remains the same, delirando con la gira de Page & Plant en los 90 o en la reposición en pantalla grande para los aniversarios de la película. Crearon un ritual rockero solo comparable al fanatismo que generarían luego bandas como los Redonditos de Ricota, Divididos, Los Piojos y La Renga.
Si los Greta Van Fleet sobreviven al hipe y conquistan al público global, seguramente encontraran en las pampas a un público fervoroso y fanático, que tendrá muchos más motivos para transmitir su pasión por el hard rock a una nueva generación.