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04:38h. Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

@mimamultimedios

"SPOTLIGHT"

Un nuevo escándalo de pedofilia sacude al mundo.

pedofilia-curas-2
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Hablamos de la detención del   exvicecanciller del Arzobispado de Santiago, Oscar Muñoz Toledo, acusado de haber cometido abusos sexuales reiterados. 
El suceso ocurrió el jueves 12 de julio, donde fue detenido por la Policía, la orden de prisión preventiva fue emitida por el juzgado de Garantías de la ciudad de Rancagua y aplicará mientras avance la investigación de 180 días decretada por el juez. 
Muñoz Toledo tiene 56 años de edad y está involucrado en siete casos de abuso de larga data. Esta investigación se suma a otros escándalos por abusos sexuales contra menores cometidos por miembros de la Iglesia, entre ellos el del párroco Fernando Karadima. 
El pasado julio el papa Francisco aceptó la renuncia de seis obispos de los 34 que supieron sus cargos a la orden por las acusaciones contra el clero.
Aunque en un principio el máximo líder de la Iglesia católica había afirmado que se trataba de calumnias, luego reconoció la gravedad de la situación y pidió perdón a las víctimas. Desde entonces ha sostenido encuentros con los afectados y con el clero chileno. 
                                            ¿Qué está pasando en la Iglesia Católica? 
Fortunato Mallimaci, profesor de la UBA e investigador principal del Conicet, especializado en sociología histórica de las religiones sostiene que “En la Argentina hay un doble discurso en la jerarquía católica muy grande: por un lado dice, ‘estamos con el Papa’, pero por el otro, cuando Benedicto XVI sostiene que hay que hacer limpieza, que hay que denunciar los casos de abuso sexual y echar a quienes los cometen, aquí los guardan”
Mallimaci está convencido de que en la Argentina hay muchas víctimas de abusos sexuales perpetrados por religiosos de la Iglesia Católica que mantienen silenciado su sufrimiento y no se animan a denunciarlo al ver la impunidad de que gozan personajes emblemáticos, condenados por la Justicia por esos delitos aberrantes, como el cura Julio César Grassi y el arzobispo Edgardo Storni. 
                                                                Testimonios del Horror: 
Tocaba a los niños incluso durante las confesiones. En el pequeño habitáculo, mientras los niños rezaban el Padrenuestro, metía su mano debajo de la ropa. Ante el rechazo y el miedo, para convencerlos de las bondades de esas caricias, les citaba pasajes del Antiguo Testamento en donde se describía la relación filial entre Abraham e Isaac

 Esto fue hecho por monseñor Mauro Inzoli (hoy de 67 años) sacerdote pedófilo que afirmó que el abuso era un viejo ritual judío. Muchos lo llamaban "don Mercedes", por su pasión por los coches de lujo, con los que paseaba por la ciudad de Crema, al norte de Italia.
Pero esa no era su única "pasión": el religioso fue encontrado culpable de abusar de niños de entre 12 y 16 años, en todas las instituciones donde ejerció su ministerio. Mauro Inzoli, de 67 años, fue expulsado en 2012 tras ser acusado de pedofilia, pero esa decisión se revirtió en 2014, cuando el Papa Francisco le ordenó que se mantuviera alejado de los menores y se retirara a “una vida de oración y humilde discreción”
El papa Francisco pidió "tolerancia cero" ante los casos de abuso sexual a menores por parte de miembros del clero. En su carta, invitó a los religiosos a escuchar "el llanto y el gemir de estos niños", y dijo que la Iglesia "llora no sólo frente al dolor causado en sus hijos más pequeños, sino porque también conoce el pecado de algunos de sus miembros". 
En esta frase, el pontífice papa pide “tolerancia cero” sin embargo luego son perdonados por el vaticano. Cabe preguntarse,  ¿Acaso la complicidad para tapar los casos de abuso sexual dentro de las instituciones católicas trasciende la jerarquía eclesial y alcanza al poder político, económico y sobre todo mediático?
El caso de Mauro Inzoli pone en evidencia el manto de silencio, influencias y manejos que tienen en el Vaticano algunas de las causas de religiosos acusados de abuso infantil. Tanto es así que el cura italiano recibió la clemencia papal y luego fue condenado a cuatro años y nueve meses de prisión por un tribunal penal por abuso sexual. 


Abusos, silencio, protección. Este entramado se repite en muchos de los 62 casos denunciados en la Argentina desde 2002, luego de que estallara el escándalo del padre Julio César Grassi.
Una investigación de la Agencia Télam –de las periodistas Lucía Toninello y Mariana García–, deja al descubierto que la denuncia contra Grassi no es un hecho aislado: desde entonces cuatro nuevas denuncias se sumaron por año y sólo tres casos fueron sancionados con la máxima pena prevista por el derecho canónico: la expulsión del sacerdocio.
Son 59 sacerdotes y tres monjas los denunciados en el país. De todos ellos, ocho recibieron una condena judicial. Los datos muestran cómo un complejo sistema de responsabilidades dentro de la Iglesia permite que rara vez haya una condena.
En nuestro país no existen registros  oficiales sobre la cantidad de sacerdotes o monjas denunciados. Tampoco hay registro de cuántas son las víctimas.
En la mayoría de los casos la Iglesia no acompañó a las víctimas, y se supo que los abusadores ya tenían antecedentes y que los traslados son la respuesta más frecuente ante una denuncia.
1- Luis Anguita. Denunciado y sobreseído en 2004 por violar a una chica de 13 años. Se desempeñaba en el Colegio Franciscano Tierra Santa de la Ciudad de Buenos Aires. Sin condena.
2- Luis Alberto Brizzio. Acusado de haber abusado de un joven de 16 años en Santa Fe. La Congregación para la Doctrina de la Fe dictaminó que al producirse los hechos el denunciante era mayor de edad y descartó el delito. No hubo denuncia judicial.
3- Padre Walter Eduardo Avanzini. En 1998 un programa de TV mostró cómo pagaba para tener sexo con niños y adolescentes en una plaza de Córdoba. No fue investigado.
4- Miguel Cacciuto. Acusado en 2009 de abuso en un jardín de infantes en Villa Gesell, Buenos Aires. Actual párroco de la Sagrada Familia de Mar del Plata. No fue condenado.
5- Ladislao Chomin. Condenado en 2012 a 4 años de prisión por abuso sexual de una niña en Misiones. Cumplió prisión domiciliaria.
Sin duda, estos hechos demuestran una  crisis en la Iglesia Católica. Sobre todo, salen a la luz porque hubo denuncias de las víctimas y a la vez un grupo de autoridades eclesiásticas, de obispos, en algunos países como Estados Unidos, Irlanda, Alemania, que han decidido no guardar más el secreto, no seguir tapando el tema. Esta combinación se ha dado en países donde  a la iglesia se la ha puesto en evidencia, una iglesia ultraconservadora que viene manejando temas fundamentales como el celibato, la mujer, la sexualidad, el abuso, el poder, el hecho de que la autoridad siempre piense que tiene razón y haya que esconderlo, un tipo de concepción de la Iglesia que sostiene que hay que salvar la institución más allá de las personas. Todo esto ha hecho agua, y muchos hoy ya no creen en la iglesia y se animaron a denunciarlos.
 Acá  hay una historia de abuso sexual a menores, de larga data,  y todo el mundo debe enterarse, y para encontrar la respuesta hay que destapar la verdad. En América latina hay una complicidad mucho mayor: las redes de sociabilidad de los sectores del poder religioso, del poder político, del poder económico y sobre todo del poder mediático, es la manera en la cual se ejerce el poder en la región. Esto hay que decirlo y repetirlo. ¿Qué genera esta trama? Hace que la denuncia sea más difícil. 
Imagínense qué pasa cuando una persona quiere salir a decir “me abusaron”, “tal cura o tal obispo me hizo tal cosa”, y ve que el resultado es que ninguno de ellos hasta el día de hoy ha ido preso. ¿Es un problema de la Iglesia Católica? ¿O es un problema de falta de condena social? Hay que mostrar los casos de abuso sexual y de poder, si es que queremos que haya derechos para las víctimas, los más perjudicados. Para que el que denuncie tenga un mínimo de garantías de que sus derechos van a ser reconocidos y de que el abusador va a ir preso. Y que la institución haga limpieza. El peso no debe caer sobre la victima sino sobre el abusador.