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16:51h. Miércoles, 20 de Septiembre de 2017

@MIMAMULTIMEDIOS

Cuando la igualdad de transforma en servidumbre

Rebelión en la granja
Siempre que leo libros prefiero libros con dilemas filosóficos. Se me hace difícil separar literatura de filosofía.
 

Hace poco leí “Rebelión en la granja”, una sátira política de George Orwell sobre el estalinismo. La historia relata la vida en una granja donde los animales producen una rebelión hacia sus amos. Los animales destierran a sus amos y toman el poder. Esos animales son la representación de Lenin, Stalin, Trotsky. A su vez se pregona un mundo donde todos sean iguales. Luego los animales comienzan a matarse entre sí por tener el poder. Es decir, se buscaba la igualdad de condiciones de miseria para una mayoría y una igualdad en privilegios para una minoría privilegiada, los animales que organizaron la rebelión. En el libro aparece una cita magistral: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros” más Iguales que quiénes poseen privilegios.

El debate interminable
 Ello renueva el debate sobre: ¿Libertad o igualdad?
Este libro plantea un gran dilema ético y filosófico: ¿Es posible un mundo de igualdad? Y de ser así, aplicando modelos puestos en práctica en la historia: ¿Cuántos muertos serían necesarios para llegar a un mundo donde todos seamos iguales aniquilando la libertad individual para elegir y poder luchar por alcanzar la felicidad?
 La respuesta es que no somos iguales. Podemos achicar la brecha para generar más oportunidades para que las personas puedan desenvolverse por sus medios. Ello no significa generar igualdad. La igualdad si la podemos “crear”, la creamos a base de medidas autoritarias disfrazadas de forma legal amparadas por el Estado. Esas medidas significan reducir libertades de un grupo para que otro grupo de la sociedad pueda alcanzar las metas que quieren. A su vez, es lógico que un gobierno que extrae recursos económicos de un sector de la sociedad (de forma legal a través de impuestos para reasignarlo en beneficios sociales) contará con el apoyo de quienes percibirán el beneficio social.
Es lógico que si el Estado le quita a Juan recursos a través de impuestos para darle a Pedro, siempre va a contar con el apoyo de Pedro.
La verdadera igualdad
La verdadera igualdad se genera cuando no se castiga al exitoso (que es exitoso por su esfuerzo propio y sin cometer delito alguno o injusticia alguna) para beneficiar al menos exitoso que en muchos casos no se esfuerza por ser cada día mejor que, sino en suponer que el exitoso debe su éxito a algo injusto o a base de delitos. Tampoco voy a pecar afirmando que todas las personas que les cuesta salir de la situación en la que se hayan no se esfuercen por salir. Generalizar sería una falacia.
La igualdad sólo debe hallarse en derechos universales sin importar el género, la raza, religión, edad o cualquier otro aspecto que construya nuestra identidad como seres humanos, como el derecho a la vida, las garantías individuales, la propiedad y los derechos amparados por la declaración universal de los derechos humanos y nuestra Constitución Nacional. Los demás beneficios (extralegales) que puede ofrecernos la vida deben obtenerse con esfuerzo propio y no utilizar al Estado para que a través de mecanismos legales (autoritarios) castigue al exitoso, siempre y cuando su éxito no se deba a una injusticia.
Lo ideal y real
A su vez, esto no es inventado por mi, ya que son reglas económicas básicas. La ecuación es sencilla: Redistribución de ingresos. Quitarle a uno para darle a otro. El problema radica en el hecho de, ¿Qué sucede cuando Juan ya no posee más recursos para darle a través de impuestos a Pedro? Evidentemente Pedro se quejará con el Estado y luego con Juan. Al fin y al cabo a Juan se le exigirá más de sus capacidades hasta que un día se rebele, diga “Ya fue suficiente” o “No tengo más” y esto se generalice hacia quienes hacían lo mismo que Juan. Pedro interiorizará la idea de que debe ganarse los beneficios con el esfuerzo de su trabajo. 
A su vez estos modelos siguen vigentes en países como Venezuela, Cuba, Corea del Norte. Países sin democracia, o democracia “de fachada”, donde sólo hay un canal de televisión, donde se obliga a las personas a vestirse de tal o cual forma, dónde no hay garantías constitucionales. Donde hay igualdad en miseria para una gran mayoría y una igualdad de beneficios en una minoría privilegiada.
La falsa caridad
La gente que defiende esos modelos autoritarios, basándose en la caridad en la cuál también se intentó usar al Estado para los fines de un grupo determinado que en muchos casos creyó luchar por la igualdad pero luchó en pos de sus intereses. Y  si los defiende es porque obviamente se ve beneficiado de ello.
Ya sabe: “Los animales son todos iguales, pero hay unos más iguales que otros”. 
Esos mismos modelos son los que ante la ceguera de un mundo de igualdad atropellan los derechos de las personas, sus garantías, la propiedad privada. Y esto es justificado en un discurso utópico sobre la igualdad entre los hombres, pero una igualdad basada en la servidumbre, la servidumbre de los hombres hacia un Estado que sólo otorga a quien obedece.
No olvide la frase de George Orwell: “Los animales son todos iguales, pero hay unos más iguales que otros”.

"Debemos ser libres no porque reclamamos la libertad, sino porque la practicamos” William Faulkner